Una obra presentida y ¡oh sorpresa! este joven me reveló en una pequeña joya casi un entremés. El tema, la vivencia de aquella trágica etapa de la vida paraguaya.
Era los comienzos de 1976, la nación paraguaya se desperezaba de su siesta ignominiosa con la aparición de la noticia de un misterioso OPM. Este rompió el letárgico devenir de la opresión dictatorial. Aquel era un tiempo de crímenes alevosos, violaciones, torturas, infanticidios, apresamientos múltiples e injustos. EL MIEDO, como un karai vosa, recorría el país en toda su extensión hasta los lugares y rincones recónditos este llegaba. No se podía pensar en voz alta o si quiera cuchichear con la pareja o el amigo, el pyrague omnipresente estaba acechando a la vuelta de la casa o estaba en todas partes; la empleada, el jefe, tu sobrina, el teléfono, el cura de tu confesión, los mormones, el cuerpo de paz, los testigos de Jehová, en el aire se percibía el eructo a plumbado del tufo Stroessnista.
El miedo caliginoso que cual gigante pulpo abrazó a toda la sociedad de aquella época, con los susurros de la letanía repetida una y mil veces de la paz y progreso con Stroessner. La paz de los cementerios y el progreso de la incultura y el hambre, el analfabetismo progresivo supervisado por uno y otro programa de educación yankee.
Cuando toda esperanza parecía perdida cual brisa fresca se sintió un murmurar, un murmullo la noticia de la aparición del OPM, una organización creada por jóvenes estudiantes universitarios en Corrientes, Republica Argentina, donde se contaminaron con el virus de la rebelión acaecido con la presencia de guerrilleros del ERP y Montoneros que desangrados y brutalmente reprimidos huyeron a esos lares.
La familia de Néstor en Coronel Oviedo sufrió la represión brutal de los sicarios policiales en la organización del grupo OPM de Caaguazú. Esta obra traduce y nos trasporta a ese tiempo donde el miedo era ese duende maligno que a cada paraguayo le acompañaba fiel como su sombra. El etos oprimido del ser paraguayo ahogado en las hurras de los cipayos y las canciones saturantes de “nde ko guerrero corazón de acero, ndaipói ndeicha artillero” y demás que atormentaba nuestra dignidad de karia’y y kuña paraguai añetete. En esta obra se respira y se vive dentro de nuestro módulo de cultura y verbo mezcla del Español y el Guaraní ese tiempo donde sucedió y se sintió la trágica orfandad de un país mediatizado por el imperio donde su capataz y jefe era Stroessner.
Elan maligno, pócima que hoy aún en ausencia de la dictadura con esta democracia anémica y enclenque, mentirosa y tercerizada con los poderes del gobierno aún infestado de Cipayismo nos explica el ADN masoquista de nuestros políticos que a la dignidad prefieren aun el fango de la mentira, de la entrega, del caerse y el hundirse antes que el vuelo de los hombres dignos y patriotas.
Con esta obra testimonial saludamos a la juventud paraguaya augurando caminos ciertos de luchas y de victorias para que un país independiente sea en el futuro una perla esplendente en collar de nuestra América soñada por nuestros héroes.
He dicho.
Joel Filártiga Ferreira.
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Cuando cuatro hombres hicieron llorar a Rodolfo
by namarilla on December 21, 2011
Foto de abc color
Había empezado el concierto de Il Divo, después de que varios grupos nacionales prepararan a un público eufórico que estoy casi seguro, nunca volverá a ver otro centenario. El cuarteto que reúne a unas voces que hacen temblar al alma sin importar las barreras lingüísticas, había empezado con algunos de sus temas en ingles y en Italiano, acompañados impecablemente por la orquesta de la UNINORTE. Mi asiento estaba ubicado en preferencias del Defensores del Chaco, ni muy lejos ni muy cerca del escenario que emocionaba. Realmente emocionaba, especialmente a Rodolfo.
Después de que los cuatro caballeros se presentaron al público con un Español de tono extranjero, excepto el del moreno, anunciaron su siguiente tema. Era “Sin ti” la versión en Castellano de “Without you.” En el momento cumbre de la canción, en el coro “No se vivir si no es contigo. No se no tengo valor. No se vivir si no es contigo. No sé. No sé ni quién soy.” No sé por qué ni para qué me doy vuelta hacia mi lado superior derecho y veo un joven de alrededor de los 20 años llorando desesperadamente. Lo más llamativo de todo era que acariciaba una silla vacía de su lado derecho. Para no hacerle sentir mas incomodo de lo que ya estaba, no volví a mirarle. Excepto después de la canción cuando me acerque y le pregunté mi curiosidad.
“Hace 5 años que no le veo a mi madre y esa es nuestra canción. Sueño con volver a cantar con ella” me respondió. Proseguimos la charla un rato mas, cuando me confesó que su madre tuvo que dejarle para ir a trabajar en España para que él pueda estudiar.
Así como Rodolfo, muchas familias Paraguayas se emocionaron en la noche calurosa de Sajonia, despidiendo una de las últimas noches del año del bicentenario. Una noche de serenata coronada en sonrisas de gente que conoce el sufrir, pero más que nada, gente que quieren soñar antes de morir.
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